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Gracias, colegas


     Hoy, 24 de enero, se celebra la festividad de San Francisco de Sales. patrón de los periodistas. Con motivo de la onomástica, la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE) hace un llamamiento a la sociedad para que defienda el ejercicio libre del periodismo bajo el amparo del artículo 20 de la Constitución, uno de los pilares fundamentales de nuestro sistema democrático. 

     Aprovecho la ocasión para agradecer a mis colegas periodistas y a los organismos que amparan el legítimo ejercicio de nuestra actividad profesional el apoyo masivo ante las amenazas de agresión sexual y muerte que he recibido mediante comentarios (anónimos o con identidades suplantadas) en este blog de autora. Reproduzco a continuación el comunicado oficial de la Asociación de la Prensa de Madrid, suscrito también por la FAPE:

     "La Asociación de la Prensa de Madrid (APM) condena tajantemente las graves amenazas que está recibiendo la periodista y escritora Rocío Castrillo a raíz de su participación en el programa “Equipo de investigación”, de la cadena de televisión La Sexta, que se ocupó del doble crimen de Almonte, emitido el pasado 11 de enero de 2019. La periodista, asociada a la APM, ya ha puesto la correspondiente denuncia ante la Policía Nacional por estos hechos. La APM confía en que las Fuerzas de Seguridad del Estado harán todo lo que está en su mano para descubrir a los autores de estas intolerables amenazas que hablan de agresiones sexuales y hasta de muerte.

    Rocío Castrillo ha seguido como periodista y escritora la evolución del caso conocido como el doble crimen de Almonte, que verá su resultado en la próxima publicación de un libro. Estas continuadas amenazas pueden tener como fin último amedrentar a la autora para que no lleve adelante su objetivo. De ser así, constituiría un grave delito, además de por las amenazas, porque se busca cercenar la libertad de expresión e información de la periodista".

Madrid, 22 de enero de 2019


     Nada más hacerse público el comunicado empecé a recibir llamadas y mensajes de colegas para interesarse por mi situación y ofrecerme su solidaridad. Medios de comunicación de toda España, desde el País Vasco hasta Andalucía, se han hecho eco de la condena masiva a estas prácticas delictivas, y destinadas a cercenar el libre ejercicio del Periodismo. En este caso concreto, impedir la próxima publicación de mi novela de no ficción sobre el doble crimen de Almonte. Ahora solo espero que la Policía consiga desvelar las identidades de los cobardes que se amparan en el anonimato de las redes sociales para humillar y amedrentar; y que la Justicia condene a TODOS los implicados.

     A los lectores que esperan el libro, me gustaría poder decirles que se publica mañana, pero necesito adaptar el final a los nuevos acontecimientos. Confío en poder terminarlo pronto y empezar a enviarlo a las editoriales interesadas. ¡Gracias por vuestra paciencia! 

     ¡Hasta la próxima. amigos!

NO ME CALLARÁN

     
Deleznables agresores:
No sé si sois uno o varios. Me insultáis y amenazáis, de agresión sexual y de muerte, a causa de mi última actividad profesional como periodista de investigación y escritora: una novela de no ficción sobre el doble crimen de Almonte. Sin embargo, la obra no se ha publicado todavía, por lo que no podéis conocer su contenido. Entonces, ¿por qué me agredís? No lo sé. Lo único que tengo claro es la cobardía con la que actuáis, amparados en el anonimato para atacar a una mujer. Tengo miedo, sí, lo habéis conseguido. Pero lamento deciros que no me callaréis.
No me conocéis. Soy una MUJER luchadora y tenaz, con una larga y reconocida trayectoria  periodística y literaria y no descansaré hasta que no seáis condenados por vuestros delitos. Ayer denuncié vuestras amenazas en la Policía. Me atendieron dos inspectoras y consideraron las agresiones que he recibido como sendos delitos penales: amenaza de agresión sexual y amenaza de muerte. Ya están investigando el asunto y espero que no tarden mucho en desvelar la identidad del/los atacantes. He encargado el caso al bufete CASTELLANA 266, de Madrid, cuyos letrados exigirán responsabilidades tanto a los que me han amenazado como a los que se han dedicado a dañar mi honor, mi imagen y mi credibilidad profesional. Eso se paga.
A los amigos, a los colegas periodistas y escritores y a los miles de lectores que habéis seguido mi carrera literaria, una palabra en mayúsculas: GRACIAS. Vosotros sois mi mejor apoyo, el aliento en las horas de soledad que se necesitan para escribir una novela de 400 páginas. Me habéis emocionado con vuestras palabras de ánimo, solidaridad, comprensión y cariño. Vuestro consuelo ha sido lo mejor de estos días tan difíciles.
A mi familia, preocupada por mi seguridad y testigo directo de la pesadilla que estoy viviendo, me gustaría pedirles que no se angustien. Que soy fuerte y que no me callarán. Ojalá el mundo estuviera lleno de buenas personas y esto no hubiera pasado nunca... Ni existiría el doble crimen de Almonte ni yo habría sido atacada por contarlo.
¡Gracias y hasta la próxima!

Crimen sin castigo, programa polémico y autora criticada


     En la noche del viernes 11 de enero, el programa "Equipo de Investigación" de La Sexta emitió un reportaje sobre el doble asesinato de Almonte. Tuve el honor de participar como autora de una novela de no ficción, que todavía no ha sido publicada, acerca del deleznable crimen sin castigo. La emisión ha despertado una oleada de comentarios en las redes sociales, a favor y en contra. Nada sorprendente en un pueblo dividido por la polémica que ha generado el luctuoso suceso.

     Mi intervención se grabó hace varios meses. No supe la fecha de su emisión hasta un día antes, y desconocía qué partes de la entrevista que me realizaron iban a ser finalmente incluidas. Pues bien, debo decir que mis palabras debieron molestar a muchos, que se han dedicado a faltarme el respeto con el único fin de desprestigiarme por contar la verdad de lo que viví. Esa verdad que tanto les molestó es la siguiente: algunos miembros del jurado dormitaban durante sesiones tan importantes como las de los forenses y los biólogos del Instituto Nacional de Toxicología. Me debo únicamente a mis lectores y a la verdad, así que ahí van las imágenes que demuestran la certeza de mis palabras. 

 
En la foto de la izquierda, la sala durante el testimonio de los forenses; al fondo se ve a uno de los jurados dormido. En la imagen de la derecha, un plano detalle del mismo durmiente.
 
La misma escena se repitió durante la pericial sobre la llamada "prueba reina" del caso: El ADN, a cargo de los biólogos del Instituto Nacional de Toxicología que analizaron las toallas recogidas de la escena del crimen.

     A continuación, algunas capturas de los insultos y faltas de respeto con las que personas que no me conocen han pretendido mimar mi credibilidad. Los que me conocen no lo hubieran hecho. Saben que no tengo amo ni lo he tenido jamás, ni necesito darme a conocer, ni tomo "alprazolan". 



                  

     Una de las cosas que primero me enseñaron cuando empecé a estudiar Ciencias de la Información fue que el Periodismo debe cumplir dos funciones primordiales: informar y denunciar. Eso es lo que he hecho durante toda mi carrera: contar los hechos y alertar sobre los fallos del sistema. Y, ciertamente, uno de esos fallos es la desprofesionalización. Los jurados populares no deberían juzgar este tipo de crímenes, puesto que no tienen preparación para hacerlo. No me extenderé más: me remito a los hechos y a las imágenes que los prueban. Y desde esa profesionalidad que me ha impulsado a acercarme a la verdad durante más de 30 años de trayectoria, me gustaría aclarar un aspecto abordado erróneamente en el reportaje de la polémica. Vaya por delante mi agradecimiento a "Equipo de Investigación" por haberme invitado a participar en el programa; y mi admiración por atreverse a abordar un tema tan sensible y polémico. Cualquier crítica es positiva siempre que sea rigurosa y no cruce la barrera del respeto. Os invito a disfrutar del espacio completo pinchando en el siguiente enlace: EQUIPO DE INVESTIGACIÓN
   Considero que debo aclarar el error, y lo haré mostrando las pruebas documentales. Es el siguiente:
El ADN desconocido del que hablan no se encontró en la toalla ensangrentada, sino en una alfombrilla de baño. Dicha toalla, nombrada en el informe oficial del Instituto Nacional de Toxicología como H4-IN1, "toalla baño sobre lavabo blanca", fue usada por el asesino para limpiar el cuchillo, tal como se demuestra en el informe ampliatorio de reconstrucción de los hechos. El ADN hallado en la H4-IN1 corresponde únicamente al padre y a la hija en todas las muestras analizadas, como podéis comprobar en la siguiente fotografía de la página 7 del Informe del Instituto Nacional de Toxicología. El desconocido figura en la alfombrilla, nombrada como 12H4-IN3: "mezcla muy compleja compatible con padre y desconocido".  

   El criminólogo y perito judicial Juan José Hellín, autor del informe de reconstrucción de los hechos, realizó en el Juzgado de Instrucción un examen de la toalla ensangrentada que se halló sobre el lavabo, esa H4-IN1, en presencia de la jueza, la letrada de la Administración de Justicia y todas las partes personadas en el proceso. El análisis arrojó, entre otras, dos conclusiones: las manchas de sangre responden a la limpieza del cuchillo, puesto que quedó la impronta del arma en la toalla; y el asesino llevaba guantes cuando limpió el cuchillo, ya que no dejó vestigios: ni huellas dactilares ni ADN. Los únicos restos biológicos encontrados en dicha toalla pertenecen al padre y a la hija, como se demuestra en la imagen anterior.     

     Respecto al ADN desconocido, se halló en una alfombrilla de baño situada en el suelo, delante del inodoro. Según el informe oficial del Instituto Nacional de Toxicología, se trata de "un perfil mezcla muy complejo y difícil de valorar (...) mezcla al menos de dos varones y compatible con el padre y un varón desconocido". Lo tenéis en la siguiente imagen.


     Queridos lectores: con esta seguridad he trabajado durante las 400 páginas de mi cuarta novela, que será mi estreno en el genero negro de no ficción, ahora conocido como "true crime". Espero vea pronto la luz. Mi deseo: informar y emocionar. A vosotros me debo. Y a todos esos enemigos que parecen haberme salido tras la intervención televisiva, solo les reitero que no admitiré faltas de respeto en mis redes sociales. Si pretenden desautorizarme háganlo en sus perfiles. No entren en el mío. Tampoco se molesten en dejar comentarios anónimos en este blog. Serán automáticamente borrados.
¡Muchas gracias y hasta la próxima!


Crimen sin castigo: cuando la realidad supera a la ficción

 En la última entrada de este blog prometí relatar el proceso creativo de mi nueva obra literaria, una novela de no ficción sobre el caso conocido como “doble crimen de Almonte”. El transcurso de los acontecimientos me ha llevado a empezar por el final, es decir, por el punto en el que me hallo en estos momentos: la obligación de modificar el epílogo del libro para adaptarlo a lo ocurrido: todo indica que, definitivamente, el doble crimen quedará sin castigo. En una sentencia dictada el 21 de diciembre de 2018, el Tribunal Supremo confirmó la absolución –decretada por veredicto del jurado popular– del único acusado por la autoría de los atroces asesinatos de Miguel Ángel Domínguez, de 39 años; y su hija María, de 8. “El reproche de la acusación particular, básicamente, cuestiona la valoración del Jurado y lo hace exponiendo que de la relación de pruebas practicadas, lo razonable es condenar. Podríamos estar de acuerdo –escriben los magistrados del Alto Tribunal en su sentencia– pero aunque así fuera, la función de valorar las pruebas está sujeta a la percepción inmediata de la actividad probatoria (…). Esa función corresponde al Jurado (…) y aparece presidida por la aplicación del in dubio pro reo (en caso de duda, debe resolverse a favor del reo) y el derecho fundamental a la presunción de inocencia (…)”. En consecuencia, el Tribunal Supremo desestimó el recurso de casación interpuesto por los familiares de las víctimas y apoyado por el Ministerio Fiscal.

El acusado se tapa la cara con las manos al escuchar el veredicto del jurado: no culpable 

Aunque presencié cada una de las sesiones del juicio oral que se celebró en el Palacio de Justicia de Huelva durante el mes de septiembre de 2017, no opinaré sobre el veredicto dictado por el jurado popular y confirmado después por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y el Tribunal Supremo. No considero que me corresponda ni que mi parecer aporte nada a la historia. A lo largo de las 400 páginas del libro conoceréis los hechos, relatados al estilo periodístico, de una tragedia real que supera a la ficción; y viviréis las emociones de sus protagonistas, que he intentado revestir de Literatura. El trabajo de poner palabras a sentimientos profundos y trágicos ha sido tan difícil, e incluso más, que el de documentar, estructurar y relatar la historia. Sí me atreveré, sin embargo, a haceros partícipes del espanto que sufrí tras leer la última frase de la sentencia del Supremo: “Imponer a dichos recurrentes el pago de las costas ocasionadas en su recurso”. Esto significa que las víctimas deben pagar. Como ciudadana y madre me pregunto si no han pagado ya lo suficiente. Si las vidas de sus hijos no son bastante pago… Si cinco años en espera de una justicia que no ha llegado no es pagar… Si algo resulta incuestionable a estas alturas es que el sistema ha fallado. Y aberrante que lo paguen los perdedores, las víctimas. Me permito sugerir a cada lector que se ponga en su lugar. Imaginad que os arrebatan a vuestros hijos, que la Guardia Civil dice una cosa y la Justicia, la contraria; que el crimen se queda sin castigo y, para más inri, sois vosotros quienes tenéis que pagar los errores del sistema. Demoledor, ¿verdad?     
Más de cinco años después de las 151 cuchilladas que segaron las vidas de Miguel Ángel y María, muy pocos entienden qué ha pasado, quién ha fallado y por qué nadie pagará por la autoría de los salvajes asesinatos. Resulta difícil aventurar si se abrirá una nueva investigación, puesto que los agentes de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) que trabajaron en el caso durante casi dos años mantienen las mismas conclusiones que los llevaron a detener al presunto asesino el 24 de junio de 2014: “Que el jurado popular lo haya absuelto no significa que no sea el autor de los hechos”. ¿Qué ha fallado?, les pregunté, y la respuesta del teniente fue clara: “El sistema ha fallado. El jurado popular ha dictado un veredicto erróneo. Desde el punto de vista policial no ha habido un solo elemento que descarte al acusado de la autoría del doble crimen (…)”.
Lo cierto es que ese fallo del sistema, traducido en postulados contrarios y falta de acuerdo/entendimiento entre el cuerpo de élite de la Guardia Civil encargado de la investigación y el Poder Judicial, lo han pagado los más débiles: las víctimas vivas de la tragedia. No habrá consuelo para las madres, María y Marianela, a quienes arrebataron lo más preciado de sus vidas y ahora condenan al desasosiego eterno. Ni para el resto de sus familiares y amigos. Ni siquiera el tiempo podrá atenuar el profundo dolor por las pérdidas mientras el asesino de sus seres queridos campe a sus anchas por las calles… Dicen los expertos que, aunque el duelo no se detenga, el pesar se dulcifica cuando el criminal cumple condena. Eso no ocurrirá en el doble crimen de Almonte… Uno de los casos más atroces de la crónica negra de España se saldará sin castigo. Tras la decisión del Tribunal Supremo, las frases finales de mi libro quedarán despojadas de la esperanza que tantos corazones humildes pusieron en la justicia. Y se percibirán envueltas en el dolor y la impotencia de los perdedores. En las pesadillas de los humildes, alentadas por la desazón y teñidas del color de la sangre…
Siento pena al pensarlo, pero el doble crimen –pasional, según investigadores y forenses– quedará impune; y a esa pena sumo la desazón de saber que el Tribunal Supremo ordena a las víctimas que paguen las costas judiciales (11000€). Si el sistema ha fallado, que pague el Estado. Bajo ningún concepto deberían hacerlo las desdichadas familias de las víctimas. Si la ley les obliga a pagar los errores del sistema y los desencuentros de los distintos poderes que lo componen, mal vamos. Ojalá se nieguen, muestren su rebeldía y encuentren miles, millones de ciudadanos que les apoyen. “La rebeldía es la virtud original del hombre” (Arthur Schopenhauer). 
Espero vuestros comentarios. ¡Hasta la próxima, amigos! 
Seguiré contando aquí el periplo del nuevo hijo literario, sin saber todavía cuándo verá la luz…

151 cuchilladas: hacer Literatura de un crimen real


Después de muchos meses inmersa en el trabajo de la que será mi cuarta novela, retomo este blog con la intención de haceros partícipes, tanto a lectores como a escritores, de un proceso creativo especial, al tratarse de una obra de no ficción. Los protagonistas de esta historia son personas reales que han querido prestarme su valiosa colaboración, y salen en el texto con sus nombres y apellidos.
Recuerdo perfectamente aquel trágico 27 de abril de 2013. Mi madre me llamó sobre las cuatro de la tarde para contarme que en Almonte habían aparecido los cadáveres de un hombre y su hija de ocho años, y que los rumores apuntaban a un parricidio. Salí de mi pueblo natal hace más de 30 años, así que no conocía a las víctimas. Hablé más tarde con mi hermano Carlos. Él había sido compañero del fallecido en el colegio y me desmintió el parricidio de modo categórico. Estaba seguro de que su amigo quería a la niña con locura y no fue quien la mató. Al día siguiente se desmintió de modo oficial. Se trataba de un doble crimen perpetrado con un arma blanca, que dejó un escenario sangriento. Un equipo de investigadores de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) se trasladó a Almonte para tratar de descubrir al autor de la masacre. En la imagen siguiente, la madre de la niña asesinada se desmaya en el funeral.


Al espanto por la tragedia siguió un año de incertidumbre y silencio. La investigación se alargaba y nada trascendía debido al secreto sumarial. El miedo y la desconfianza calaron en la población, y los rumores no tardaron en apuntar al colectivo inmigrante. Nadie pensaba que un almonteño hubiera podido cometer semejante canallada. Por fuerza tenía que haber sido "moro, rumano o ruso". Los familiares de las víctimas no hicieron un solo comentario sobre el tema. Si alguien les preguntaba, se limitaban a pedir paciencia y respeto al trabajo de los investigadores.
Una labor cuyos frutos se conocieron el 24 de junio de 2014, cuando estaban a punto de cumplirse catorce meses del doble crimen. Aquel día la Guardia Civil detuvo a un hombre de 30 años, vecino de Almonte, como presunto autor del asesinato de Miguel Ángel Domínguez y la pequeña María. La noticia cayó como una bomba. Pocos creyeron que un chaval del centro del pueblo, de buena familia y devoto de la Virgen del Rocío, hubiera cometido el execrable delito. El azar quiso que un día después, el 25 de junio, se celebrara la presentación de mi segunda novela, Ellas y el sexo (Sial Pigmalión), en la Casa de la Cultura. Ajetreada con los preparativos del evento, no me había enterado de la detención ni nadie me comentó nada. Poco después me fui a la playa de Matalascañas con mi familia y allí, de sombrilla en sombrilla, comprobé que la acusación por el doble crimen era el centro de todas las conversaciones. Entonces supe que habría de escribir esa historia. No obstante, era consciente de la imposibilidad de hacerlo por el momento. No se sabía cuánto iba a tardar la instrucción del caso; ni siquiera estaba claro si el acusado tendría que enfrentarse a un juicio o se archivaría la causa. Según los rumores más frecuentes, no había pruebas contra él. Lo habían detenido por ser el amante de la esposa y madre de las víctimas. El chaval, como le llamaban, era un “cabeza de turco”. A continuación, una fotografía del momento en que lo llevaban ante el juez.


En aquellos días puse una alerta en Google: doble crimen de Almonte, y empecé a coleccionar en una carpeta toda la información sobre el caso que me iba llegando. Sin embargo, parecía que el proceso no avanzaba, o lo hacía muy lentamente. Un año después, durante la Feria del Libro de 2015 en Madrid, presencié un acontecimiento que me hizo pensar en el comienzo de una nueva novela. Escribí unos 20 folios sobre aquella escena que me había impactado y paré. Para seguir necesitaba elaborar el guion. (Debo decir que me siento incapaz de crear una novela sin un guion delante).
Ese mismo año volví a Matalascañas a pasar el mes de septiembre. Nada más llegar supe que se había denegado la libertad al acusado del doble crimen por segunda vez, pero nada se decía sobre la celebración del juicio. Por mi parte, aparqué el asunto para dedicarme al guion de la nueva novela, aunque mantuve la alerta en Google y guardaba todos los enlaces referidos al caso. Entretanto, pensaba y pensaba en cómo seguir el relato de aquel suceso de la Feria del Libro y a mi mente solo llegaban cadáveres o escenas de suspense. El resultado fue mi tercera novela, En el fin de la Tierra, publicada en Amazon en julio de 2016. Un thriller al estilo Hitchcock donde lo importante no es descubrir al asesino, sino correr su suerte con él. La elaboración de esta obra, cuyo proceso creativo conté en el programa de TVE “La hora cultural”, me sirvió de aprendizaje y familiarización con el género negro, que no había tocado antes y parecía imponerse con fuerza en mi trayectoria literaria. Ya sabía que el acusado por el doble crimen de Almonte iba a ser juzgado y que mi próxima novela versaría sobre la tragedia ocurrida en mi pueblo. 
Después de dos años de intenso trabajo, he inscrito a mi nuevo hijo literario en el Registro de la Propiedad Intelectual de Madrid. Ya lo tienen algunos editores. En próximas entradas iré relatando el proceso creativo: cómo construí el guion y recogí la información necesaria para armar la trama de esta historia real. También os contaré lo que ocurra en el periplo de buscar editorial... 
¡Hasta la próxima, amigos lectores y escritores!

De plagios y otras fullerías

En los últimos días, dos escritoras de novela romántica, conocidas por sus seudónimos Norah Carter y Mónica Hoff, han pasado de tener varias obras en el codiciado Top100 de Amazon a desaparecer de dicha plataforma. El motivo: se ha descubierto que su trabajo no era original, sino plagiado. Lo anunció en Facebook la lectora Patricia Roldán y, a continuación, creó un blog titulado Desmontando a Norah, donde relató al detalle el resultado de sus averiguaciones. No conozco de nada a esta lectora. Llegué a su bitácora a través de Facebook y me quedé sorprendida, tanto por el contenido de su denuncia como por el laborioso trabajo –digno de un buen periodista de investigación– de recolección de pruebas que dieran fe de la veracidad de sus acusaciones. No voy a repetir lo que Patricia ya ha escrito, y que recomiendo leáis en su blog. El objetivo de esta entrada es el de comentar mis sensaciones ante lo ocurrido e intercambiar opiniones con autores y lectores.



Debo confesar que el “fenómeno Norah Carter” me produjo, desde sus inicios, una mezcla de curiosidad y confusión. Reconozco que leí sinopsis y primer capítulo de algunas de sus obras (de modo gratuito), y aquella experiencia no pudo dejarme más confundida. No entendía cómo era posible que textos llenos de errores y sin ninguna calidad literaria se mantuviesen meses y meses en las listas de los más vendidos. La única explicación que se me ocurría era que las lectoras de dichos subproductos no buscaban Literatura, sino una especie de entretenimiento banal. Ahora me entero de que esas compras masivas no eran tales. Al parecer, hay trucos informáticos incluso para “engañar” a una multinacional como Amazon y convertir un bodrio en un bestseller. La autora Mercedes Pinto ha tenido la gentileza de desvelar algunos en su blog. Desde aquí mi agradecimiento, a Patricia y a Mercedes, por sacar a la luz pública prácticas fraudulentas que perjudican a tantos autores honestos y talentosos. 
¿Dónde está el problema? ¿En la plataforma, en las autoras tramposas, o quizás en los lectores/as?  
Respecto a Amazon, debemos tener presente que se trata de una tienda, sin responsabilidad sobre la calidad de los libros que comercializa. Eso depende de las editoriales, cuando las obras se publican bajo un sello; o de los autores, si hablamos de autopublicados. En el caso aludido, la firma ha actuado como era de esperar: retirando las obras bajo sospecha. Se puede comprobar que ya no aparece nada bajo los nombres denunciados por plagio en el buscador de la plataforma.
En relación a las presuntas plagiadoras, resulta difícil entender que vayan de comunicado en comunicado sin ofrecer pruebas que respondan a las acusaciones... Además de un delito de usurpación de la propiedad intelectual, que tendrá que dirimirse en los Tribunales, hay datos suficientes para calificar como falto de ética un “periplo literario” cuya intención apuntaba, según todos los indicios, a ganar dinero a costa del esfuerzo de otros…
Y sobre las lectoras, sigo sin explicarme que haya gente que pague por leer historias tan insulsas y mal escritas… No me refiero solo a las obras de Norah Carter y Mónica Hoff, sino también a las de otras autoras (todas con seudónimos extranjeros), que publican una "novela" al mes o cada dos meses y siempre tienen varias en los primeros puestos del Top100. Ignoro cómo lo hacen… Lo que sí puedo atestiguar es la ausencia de Literatura en las mismas, que se percibe solo con leer la sinopsis. Como trabajadora del lenguaje, considero imposible escribir una novela de calidad en un par de meses. Una cosa es juntar palabras y otra, la Literatura. No lo digo yo, sino la Real Academia Española de la Lengua (RAE). En sus primeras acepciones, escritor es “persona que escribe”, es decir, cualquiera. Y Literatura, “arte de la expresión verbal”. Captad bien: Arte.




Reproduzco a continuación, textualmente, un párrafo extraído del principio de una obra firmada por una de estas prolíficas autoras con seudónimo extranjero:
Caminó con chulería hasta allí, moviendo las caderas mostrando la minifalda negra que apenas le cubría el trasero, y apoyó las manos en la barra de mármol blanco, levantando una ceja
Si alguien ve Arte en estas líneas, le rogaría que me señalara dónde está.
Con el respeto que me merece cualquier lector/a, creo que el nivel de exigencia, por regla general, es mayor entre quienes suelen leer en papel y seleccionar cuidadosamente sus lecturas, que el de los que descargan libros de forma indiscriminada en sus dispositivos electrónicos, y no tenían la costumbre de leer antes de que existieran. La lógica me dice que alguien que pone cinco estrellas a la obra cuyo párrafo acabo de transcribir no conoce “Cumbres Borrascosas”, “El amante de Lady Chatterley” u otros clásicos de la Literatura romántica universal.
Esta conflictiva situación daña, sobre todo, a las buenas escritoras de Literatura romántica contemporánea, que las hay. Creadoras que conocen el lenguaje, saben contar historias, se documentan y trabajan sus textos… Cito como ejemplo a Mayte Esteban, cuyas historias de amor, emotivas y bien trabajadas, quedan relegadas ante el asalto masivo de títulos del género con portadas efectistas y mensajes supuestamente cautivadores… pero en cuyo interior la Literatura brilla por su ausencia. Parece que el talento de sus autoras se desarrolla más en la elección de un “nombre artístico” extranjero que en la creación literaria. Y encima atacan –ellas o sus acólitas con comentarios de una estrella a las obras de las rivales que despuntan por su mayor calidad. La propia Mayte ha desvelado estas prácticas en su blog El espejo de la entrada y en su muro de Facebook. 
Como en tantos ámbitos de la vida, la salida a esta situación habría que buscarla en la responsabilidad de todos… De las plataformas de venta, para que comercialicen contenidos originales y retiren los que son producto del plagio; de los autores/as, para que asimilen que no vale todo, que la Literatura es una carrera de fondo y no cualquiera ha nacido con talento para emprenderla; y de los lectores/as, para que no se dejen encandilar por una portada llamativa y lean la muestra gratuita antes de adquirir la obra. Mientras tanto los autores profesionales, independientes o bajo sello editorial, seguiremos a lo nuestro: largos procesos creativos y horas interminables de esfuerzo y soledad frente al folio en blanco o la pantalla del ordenador. No pensamos en hacernos millonarios con esto, sino en sacar al exterior la riqueza que brota de nuestro mundo interior… Convertir las palabras en arte y poder vivir dignamente de ello. Eso, y no otra cosa, es el quehacer literario.
Y vosotros, autores y lectores, ¿cómo lo veis? Espero vuestros comentarios.
¡Gracias y hasta la próxima. amigos!