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Crimen sin castigo: cuando la realidad supera a la ficción

 En la última entrada de este blog prometí relatar el proceso creativo de mi nueva obra literaria, una novela de no ficción sobre el caso conocido como “doble crimen de Almonte”. El transcurso de los acontecimientos me ha llevado a empezar por el final, es decir, por el punto en el que me hallo en estos momentos: la obligación de modificar el epílogo del libro para adaptarlo a lo ocurrido: todo indica que, definitivamente, el doble crimen quedará sin castigo. En una sentencia dictada el 21 de diciembre de 2018, el Tribunal Supremo confirmó la absolución –decretada por veredicto del jurado popular– del único acusado por la autoría de los atroces asesinatos de Miguel Ángel Domínguez, de 39 años; y su hija María, de 8. “El reproche de la acusación particular, básicamente, cuestiona la valoración del Jurado y lo hace exponiendo que de la relación de pruebas practicadas, lo razonable es condenar. Podríamos estar de acuerdo –escriben los magistrados del Alto Tribunal en su sentencia– pero aunque así fuera, la función de valorar las pruebas está sujeta a la percepción inmediata de la actividad probatoria (…). Esa función corresponde al Jurado (…) y aparece presidida por la aplicación del in dubio pro reo (en caso de duda, debe resolverse a favor del reo) y el derecho fundamental a la presunción de inocencia (…)”. En consecuencia, el Tribunal Supremo desestimó el recurso de casación interpuesto por los familiares de las víctimas y apoyado por el Ministerio Fiscal.

El acusado se tapa la cara con las manos al escuchar el veredicto del jurado: no culpable 

Aunque presencié cada una de las sesiones del juicio oral que se celebró en el Palacio de Justicia de Huelva durante el mes de septiembre de 2017, no opinaré sobre el veredicto dictado por el jurado popular y confirmado después por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y el Tribunal Supremo. No considero que me corresponda ni que mi parecer aporte nada a la historia. A lo largo de las 400 páginas del libro conoceréis los hechos, relatados al estilo periodístico, de una tragedia real que supera a la ficción; y viviréis las emociones de sus protagonistas, que he intentado revestir de Literatura. El trabajo de poner palabras a sentimientos profundos y trágicos ha sido tan difícil, e incluso más, que el de documentar, estructurar y relatar la historia. Sí me atreveré, sin embargo, a haceros partícipes del espanto que sufrí tras leer la última frase de la sentencia del Supremo: “Imponer a dichos recurrentes el pago de las costas ocasionadas en su recurso”. Esto significa que las víctimas deben pagar. Como ciudadana y madre me pregunto si no han pagado ya lo suficiente. Si las vidas de sus hijos no son bastante pago… Si cinco años en espera de una justicia que no ha llegado no es pagar… Si algo resulta incuestionable a estas alturas es que el sistema ha fallado. Y aberrante que lo paguen los perdedores, las víctimas. Me permito sugerir a cada lector que se ponga en su lugar. Imaginad que os arrebatan a vuestros hijos, que la Guardia Civil dice una cosa que avalan Fiscalía y jueza de instrucción, y el jurado popular dicta la contraria, que confirman Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y Tribunal Supremo; resulta que el crimen se queda sin castigo y, para más inri, sois vosotros quienes tenéis que pagar los errores del sistema. Demoledor, ¿verdad?     
Más de cinco años después de las 151 cuchilladas que segaron las vidas de Miguel Ángel y María, muy pocos entienden qué ha pasado, quién ha fallado y por qué nadie pagará por la autoría de los salvajes asesinatos. Resulta difícil aventurar si se abrirá una nueva investigación, puesto que los agentes de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) que trabajaron en el caso durante casi dos años mantienen las mismas conclusiones que los llevaron a detener al presunto asesino el 24 de junio de 2014: “Que el jurado popular lo haya absuelto no significa que no sea el autor de los hechos”. ¿Qué ha fallado?, les pregunté, y la respuesta del teniente fue clara: “El sistema ha fallado. El jurado popular ha dictado un veredicto erróneo. Desde el punto de vista policial no ha habido un solo elemento que descarte al acusado de la autoría del doble crimen (…)”.
Lo cierto es que ese fallo del sistema, traducido en postulados contrarios y falta de acuerdo/entendimiento entre el cuerpo de élite de la Guardia Civil encargado de la investigación y parte del Poder Judicial, lo han pagado los más débiles: las víctimas vivas de la tragedia. No habrá consuelo para las madres, María y Marianela, a quienes arrebataron lo más preciado de sus vidas y ahora condenan al desasosiego eterno. Ni para el resto de sus familiares y amigos. Ni siquiera el tiempo podrá atenuar el profundo dolor por las pérdidas mientras el asesino de sus seres queridos campe a sus anchas por las calles… Dicen los expertos que, aunque el duelo no se detenga, el pesar se dulcifica cuando el criminal cumple condena. Eso no ocurrirá en el doble crimen de Almonte… Uno de los casos más atroces de la crónica negra de España se saldará sin castigo. Solo quedarán en la memoria de los suyos el recuerdo de los asesinados, el dolor y la impotencia de los perdedores y las pesadillas de los humildes, alentadas por la desazón y teñidas del color de la sangre…
Siento pena al pensarlo, pero el doble crimen –pasional, según investigadores y forenses– quedará impune; y a esa pena sumo la desazón de saber que el Tribunal Supremo ordena a las víctimas que paguen las costas judiciales (11000€). Si el sistema ha fallado, que pague el Estado. Bajo ningún concepto deberían hacerlo las desdichadas familias de las víctimas. Si la ley les obliga a pagar los errores del sistema y los desencuentros de los distintos poderes que lo componen, mal vamos. Ojalá se nieguen, muestren su rebeldía y encuentren miles, millones de ciudadanos que les apoyen. “La rebeldía es la virtud original del hombre” (Arthur Schopenhauer). 
Espero vuestros comentarios. ¡Hasta la próxima, amigos! 
Seguiré contando aquí el periplo del nuevo hijo literario, sin saber todavía cuándo verá la luz…

El poso de la buena Literatura

  El bagaje vital y literario de un autor se nota en su obra. Soy de las que piensan que para escribir hay que vivir y que haber leído. En muchas ocasiones, la propia vida se convierte en la documentación más preciada con la que cuenta el autor. Las experiencias personales y las lecturas conforman los cimientos más sólidos, los pilares idóneos sobre los que edificar una trayectoria literaria.
   Con tres novelas publicadas y la estructura de la cuarta ya montada, necesitaba una lectura que me inspirara; un libro que me sirviera de aliciente para plasmar en el papel las ideas ya escritas en el guion primigenio de mi próxima obra. El escogido fue “Cumbres Borrascosas”, de Emily Brontë. Un clásico de la Literatura romántica universal que leí hace muchos años, en la adolescencia.
   No recordaba los detalles de la novela cuando empecé a releerla y me llevé la agradable sorpresa de que su estructura era muy similar a la que había diseñado para mi nuevo libro: un relato que empieza en el presente y retrocede al pasado para avanzar en el tiempo y llegar al mismo momento en que se inició la historia. El asunto no es casual. A ello me refería cuando hablaba de la importancia de la propia vida en el periplo literario del autor. El verano pasado llegué al aeropuerto de Oslo con mi hijo para pasar nuestras vacaciones en la capital noruega y viajar rumbo al norte, hasta el Círculo Polar Ártico. El destino quiso que me topara de bruces con un ruso que casi tres décadas atrás fue mi primer amor: un amor imborrable que se vio truncado. Desde que ocurrió el encuentro sentí la necesidad de escribir un libro basado en nuestra historia y en ello estoy ahora. Contaré en otra entrada las sensaciones que me va dejando este emotivo proceso creativo.


Fotograma de la película basada en "Cumbres borrascosas", dirigida por William Wyler (1939) 
   Volviendo a "Cumbres borrascosas", me sumergí en sus páginas y terminé en libro en dos días. Una lectura intensa que removió mis emociones, que me hizo llorar al situarme en la piel de los personajes y que me transportó a los sombríos parajes de Yorkshire, en la Inglaterra del siglo XIX. Una novela que, por segunda vez, dejó en mí el poso de la buena Literatura. Reproduzco dos frases para que entendáis con claridad a qué me refiero.
   "Hay más de mí en él que en mí misma. No sé qué composición tendrán nuestras almas, pero sean de lo que sea, la suya es igual a la mía".
   "El pensar en él llena toda mi vida. Si el mundo desapareciera y él se salvara, yo seguiría viviendo, pero si desapareciera él y lo demás continuara igual, yo no podría vivir".
   Dos frases rotundas, cargadas de profundidad y de vigencia. La obra es una alusión continua a la inmortalidad del amor pero no se queda solo en una novela romántica. Estamos ante una historia de odios y venganzas, de miserias personales y de amores desesperados que trascienden a la propia vida; y ante unos personajes fuertes, que luchan contra un destino impuesto que les agrió el carácter y los atormentó mientras vivieron. Hay dos historias de amor en la novela, la última de las cuales termina con final feliz.
   Después de leer “Cumbres borrascosas” se me ocurrió entrar en Amazon y descargarme las pruebas gratuitas de las dos novelas románticas que más se venden en la actualidad en dicha plataforma. No cito sus títulos porque ninguna de las dos me motivó a bajarme el libro y terminarlo. Aparte de sus historias tópicas y poco atrayentes, parece que sus autoras no conocen más tiempos verbales que el gerundio y el pretérito pluscuamperfecto: había salido, había entrado, había quedado, había celebrado… Con este panorama, no me extraña que el género esté hoy tan desprestigiado. No quiero decir que no haya buena Literatura romántica en la actualidad. Seguro que sí, aunque sus títulos no estén entre los más vendidos. La calidad y las ventas no siempre guardan relación directa. ¿Qué pensáis sobre el panorama actual de la Literatura romántica? ¿Me sugerís alguna obra actual cuya calidad pueda compararse con la de los grandes clásicos? Agradezco vuestros comentarios y, en cualquier caso, os animo a leer Cumbres Borrascosas, sobre todo a los aficionados al género romántico. He encontrado una edición en ebook muy barata (0,94€), cuyo enlace de compra tenéis bajo estas líneas. ¡Hasta la próxima y gracias por comentar!